Lewis Hamilton volvió a lucirse en la lluvia

Lewis Hamilton volvió a lucirse en la lluvia, como en Japón 2007, ganó por primera vez en Silverstone y es uno de los tres punteros del Mundial a mitad de temporada. Debacle de Ferrari: sólo sumó con Kimi.

HamTenía que ser bajo una lluvia por momentos intensa el día en que Lewis Hamilton limpiara su historial más fresco. El moreno ya convenció al mundo que cuando el piso está mojado es difícil vencerlo. Pasó en el GP de Japón el año pasado. Sucedió este año en Mónaco y aplastó ayer en Silverstone, la pista en la cual, tal vez, haya dado más vueltas. Porque esa pista está en Inglaterra, la tierra donde nació y donde hizo la mayoría de sus prácticas antes de ser piloto oficial de McLaren.

“Reconozco que por primera vez sentí una enorme presión encima, al punto que por la mañana no estaba bien y sólo el apoyo de los hinchas me dio la energía necesaria para afrontar una carrera que todos sabían que sería durísima”, reconoció Hamilton, que venía de embestir en boxes a la Ferrari de Räikkönen, en Canadá, y de sufrir sanciones en Francia por errores de manejo. Los periódicos ingleses no dudaron en llamarlo “lew silly boy” (muchacho estúpido) y también despectivamente “conejo”, por su supuesta torpeza e inocencia. “Esa atención morbosa de los medios hasta me provocó problemas familiares, por eso les dedico este triunfo a mi familia y amigos, porque ellos soportaron estas cosas”, afirmó visiblemente relajado. Un gesto inusual mostró la tensión que Hamilton estaba soportando, cuando su padre Anthony se acercó a su auto minutos antes de la largada y le habló largamente, mientras le acariciaba el casco en un gesto de ternura.

Con 120.000 espectadores que no veían ganar a un piloto inglés desde aquella victoria de Johnny Herbert en 1995, la respuesta de Hamilton a esas críticas se vio desde el arranque, cuando desde la segunda fila casi toma la punta, al doblar a la par de su compañero Kovalainen, quien lo dejaría pasar en el quinto giro. La lluvia, en algunos pasajes torrencial, condicionó las estrategias y la conducción de los pilotos. Webber, por ejemplo, desde el 2° puesto de partida quedó último tras un trompo en el primer giro.

La decisión determinante ocurrió en la vuelta 21 sobre un total de 60, cuando Räikkönen acosaba a Hamilton, a poco más de un segundo de distancia. Ambos entraron juntos al primer repostaje, pero Ferrari optó por mantener las mismas gomas y el finlandés tuvo serias complicaciones con su auto. Hamilton, con neumáticos intermedios, en cambio, comenzó a sacar ventajas inalcanzables de hasta seis segundos por vuelta. Nick Heidfeld no pudo hacer otra cosa que conformarse con el segundo puesto y llegar a más de un minuto. Peor le fue a su compañero, Robert Kubica. El polaco venía quinto con su BMW hasta que sufrió un veloz despiste.

“En las últimas vueltas rezaba por lo bajo y no veía la hora de cruzar la llegada. Sentía como que una tenaza me apretaba el estómago. La carrera parecía no terminar nunca y la amenaza de un error estaba siempre al acecho. Había momentos en que ni veía por los espejos retrovisores”, contó con sinceridad Hamilton, que sí tuvo un leve desliz cuando llovía torrencialmente, al hacer varios metros por el pasto con el McLaren. Pero pudo volver al asfalto.